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Mi inspiración en esta etapa de mi obra pictórica
 

El mascarito fraybentino es exteriormente una especie de espantapájaros. Sus ropajes son “cualquier cosa”; prendas en desuso, rotas, gastadas, combinadas en un caos de colores y muchas veces sin ninguna programación previa, pero que conforman una totalidad rotundamente acabada, grotescamente uniforme, impactante, única y tremendamente bella en su fealdad.
Es elemental cuando se habla de disfraz - es encubrir la identidad frente al público. Lograrlo es ya una primitiva diversión. Pero el mascarito no se detiene allí; se exige ir más allá. Necesita flirtear con esa excitante posibilidad de ser desenmascarado y para ello emplea la provocación. Entonces baila, abraza, gesticula y habla a gritos o en susurros a parientes y amigos contándoles situaciones comprometidas, para él y para ellos. Es como un ceremonial que guía y engaña - todo a la vez - “jugando con fuego”.
El mascarito es un censor social. Es un termómetro de la vida cotidiana. Y esas sátiras son expresadas a través de un humor negro, simbólico o grotesco, llegando hasta el realismo fantástico.
Salvo excepciones, sus “víctimas” son los individuos que con sus actitudes o acciones hieren material, ética o sentimentalmente a la sociedad. Y él ridiculiza los hechos a través de una dramatización directa e indiscutible.
Siempre encaro mi obra alimentado por esa concepción del Arte popular de mi pueblo; y esa gente tapada de trapos y pintura – parientes, amigos, vecinos - siguen emocionándome, refrescando mi memoria, transportándome hacia los días lejanos y felices de mi niñez.
Sin embargo, creador yo también, mis obras se han alejado aparentemente de mis inspiradores; lo exterior de mis mascaritos se parece poco a esos entrañables y bochincheros “mamarrachos” fraybentinos pero adentro, en el alma y los sentimientos que intento darles, siguen aspirando a ser como ellos, como los verdaderos, a los que quiero y extraño tanto.

El máscaro de carnaval

Una visión única de un personaje disfraado del carnaval uruguayo, llevado a un abstracto con cierto impresionismo, que logra pequeñas historias en cada obra.

Ricardo Ríos Cichero

Fue uno de los últimos Maestros de la pintura contemporánea uruguaya.

Un pintor "del alma" como se lo llegó a llamar.

Atelier

Su obra puede visitarse en Fray Bentos y Canelones (Solymar), además de Galería Mariño Montevideo y colecciones privadas y públicas del país.

Mensaje enviado, gracias.

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